Friday, November 1, 2024

TEXTOS SPINOZA (1632-1677) FRAGMENTOS

 TEXTOS SPINOZA (1632-1677) FRAGMENTOS “Aquel ser eterno e infinito que llamamos Dios o Naturaleza” (Ética). “Hay quien se imagina un Dios a semejanza del hombre, compuesto de cuerpo y alma, y sometido a pasiones. Prescindo de la opinión de estos hombres, porque todos los que han examinado de algún modo la naturaleza divina, niegan que Dios sea corpóreo. Lo cual prueban muy bien, ya que por cuerpo entendemos cualquier cantidad de ma teria larga, ancha y profunda, limitada según cierta figura, y nada más absurdo que eso pueda decirse de Dios, o sea, del ser absoluta mente infinito. Sin embargo, al mismo tiempo, se esfuerzan por demostrar esto mismo con otras razones, manifestando claramente que ellos consi deran la sustancia corpórea o extensa (materia) como separada por completo de la naturaleza divina, y sostienen que ha sido creada por Dios. Pero ignoran totalmente con qué potencia divina ha podido ser creada, lo que pone de manifiesto que no entienden lo que dicen” (Ética, I, 15). “Cuando usted dice, además, que si niego que se den en Dios emi nentemente los actos de ver, oír, atender, querer, etc., no entiende usted qué Dios admito yo, sospecho que usted cree que no hay ma yor perfección que la que puede expresarse con los mencionados atributos. No me extraña esto, porque creo que el triángulo, si tuvie ra la facultad de hablar, diría eso mismo, que Dios es eminentemente triangular, y que el círculo diría que la naturaleza divina es circular de modo eminente; y por el mismo motivo, todo el mundo atribuiría a Dios sus atributos y se haría similar a Dios y el resto le parecería de forme” (Carta 56). “Además, quisiera advertir aquí que, cuando hablamos en cuanto filósofos, no debemos usar expresiones de la teología. Pues como la teología suele representar, y no sin razón, a Dios como un hombre perfecto, en teología es coherente decir que Dios desea algo, o que Dios se ofende con las obras de los impíos, mientras que se complace con las de los piadosos. En filosofía, en cambio, como vemos claramente que atribuir a Dios aquellos atributos que hacen al hombre perfecto es tan impropio co mo si atribuyéramos al hombre aquellos que hacen más perfecto a un elefante o a un asno, estos términos y otros por el estilo no tienen cabida aquí ni cabe emplearlos sin confundir al máximo nuestros con ceptos. Por tanto, en términos filosóficos, no se puede decir que Dios pide algo a alguien ni que algo le es molesto o agradable. Pues todos estos son atributos humanos que no tienen lugar en Dios” (Carta 23). “Ni creo que sea necesario advertir aquí que, cuando la Escritura dice que Dios se enoja con los pecadores y que El es juez que conoce, de cide y juzga las acciones de los hombres, habla al estilo humano y conforme a las opiniones vulgarmente aceptadas, porque no es su propósito enseñar filosofía ni hacer a los hombres sabios, sino obe dientes” (Carta 78). “Y para que usted sepa qué contiene esta obra mía, que pueda dis gustar a los predicadores, le diré que muchos atributos que ellos, y todos cuantos yo conozco, atribuyen a Dios, yo los considero como creaturas; y al revés, otras cosas que por sus prejuicios, ellos consi deran como creaturas, yo defiendo que son atributos de Dios y que ellos los han entendido mal. Y además, yo no separo a Dios de la na turaleza tanto como lo hicieron todos aquellos de que tengo noticia” (Carta 6). “Sobre Dios y la naturaleza, sostengo una opinión muy distinta de aquella que suelen defender los modernos cristianos. Afirmo, en efec to, que Dios es causa inmanente, como se dice, de todas las cosas y no transitiva; aún más, que todas las cosas están en Dios y se mue ven en Dios, lo afirmo yo con Pablo y quizá también, aunque de otro modo, con todos los antiguos filósofos e incluso, me atrevería a decir, con todos los antiguos hebreos, en cuanto se puede deducir de algu nas tradiciones antiguas, pese a sus innumerables adulteraciones. No obstante, cuando algunos piensan que el “Tratado teológico político” se basa en que Dios y la naturaleza (por la cual entienden cierta masa o materia corpórea) son una y la misma cosa, están to talmente equivocados” (Carta 74). “Por Naturaleza naturante (productora) debemos entender lo que es en sí y se concibe por sí, o sea, los atributos de la sustancia que ex presan una esencia eterna e infinita, esto es, Dios, en cuanto consi derado como causa libre. Por Naturaleza naturada (producida), en cambio, entiendo todo aque llo que se sigue de la necesidad de la naturaleza de Dios, o sea, de cada uno de los atributos de Dios, esto es, todos los modos (infinitos y finitos) de los atributos de Dios, en cuanto considerados como co sas que son en Dios, y que sin Dios no pueden ser ni concebirse” (Éti ca, I, 29). “No podemos imaginar a Dios, pero sí entenderlo. Además, yo no digo que conozco totalmente a Dios, sino que entiendo algunos atri butos suyos, pero no todos ni la mayor parte, y es cierto que el igno rar su mayor parte no impide conocer algunos de ellos. Cuando esta ba aprendiendo las matemáticas de Euclides, entendí primero que los tres ángulos del triángulo son iguales a dos rectos y percibí claramen te esta propiedad del triángulo, aun cuando ignoraba otras muchas” (Carta 56). “En cuanto a saber qué es Dios o aquel modelo de verdadera vida: si es fuego, espíritu, luz, pensamiento, etcétera, no concierne en nada a la fe; como tampoco, en qué sentido es modelo de verdadera vida: si porque tiene un espíritu justo y misericordioso o porque todas las co sas son y actúan por él, y, por consiguiente, también nosotros enten demos por él y por él conocemos lo que es verdaderamente justo y bueno. No importa que defienda cada uno sobre todo esto. Tampoco concierne en nada a la fe si uno cree que Dios está en to das partes según la esencia o según el poder; que dirige las cosas por su libertad o por la necesidad de su naturaleza; que prescribe las le yes como un príncipe o las enseña como verdades eternas; que el hombre obedece a Dios por la libertad de su voluntad o por la necesi dad del divino decreto; que, finalmente, el premio de los buenos y la pena de los malos es natural o sobrenatural. Estas cosas y otras mil, repito, no importa, para la fe, cómo las en tienda cada uno, a condición de que no saque de ahí ninguna conclu sión que le dé mayor licencia para pecar o que le haga menos obe diente a Dios. La fe no exige tanto la verdad como la piedad, y, por consiguiente, nadie es fiel más que por la obediencia. Por tanto, quien muestra la mejor fe, no es necesariamente quien muestra las mejores razones, sino quien muestra las mejores obras de justicia y caridad. Cuán saludable y necesaria sea esta doctrina en el Estado para que los hombres vivan pacíficamente y en concordia, y cuántas y cuán grandes causas de perturbaciones y crímenes evite, lo dejo al juicio de todos” (Tratado teológico-político, cap.XIV). BARUCH DE SPINOZA, Obras Completas. Alianza Editorial. Filosofía Digital 2007 INTRODUCCIÓN EL RACIONALISMO El Racionalismo es una corriente filosófica del siglo XVII que cuenta con varios representantes como Descartes (1596 1650), Leibniz (1646-1716), Spinoza (1632-1677) o Malebranche (1638-1715). Nos vamos a referir en esta Unidad al pensamiento del más conocido e influ yente de los filósofos racionalistas, René Descartes. Todos los filósofos racionalistas comparten una plena confianza en la auto nomía, confianza, efectividad y suficiencia de la razón. De ahí el nombre de esta corriente filosófica. Lo analizamos con más precisión.  La autonomía de la razón implica que su actividad no está condicionada, regulada ni mucho menos coartada por ninguna instancia ajena o exterior. Como la autoridad, la tradición o la fe religiosa.  La confianza en la razón supone que es la única fuente de conocimiento fiable. Esta confianza comporta que la razón puede aplicarse con éxito a to dos los ámbitos del conocimiento humano. El Racionalismo es, por tanto, un claro precedente de la Ilustración.  La efectividad de la razón significa que en su ejercicio es capaz de alcanzar un conocimiento verdadero y completo de la realidad. Así pues. El Raciona lismo renueva el ideal antropocéntrico del Renacimiento.  La suficiencia de la razón conlleva que el fundamento epistemológico de la verdad no procede de los sentidos, sino de la actividad intelectual y deductiva de la razón. Esta suficiencia se convierte en el Racionalismo en autosuficien cia ya que un supuesto filosófico de todos sus autores es que la razón puede alcanzar por y desde sí misma un conocimiento verdadero y completo de la realidad. Desde el punto de vista de su construcción, el Racionalismo se caracteriza por una marcad tendencia hacia las grandes construcciones especulativas, plenas de complejidad y densidad conceptual. Con ello, los pensadores racionalistas permanecen fieles al espíritu de la época. Los sistemas metafísicos del Barro co, como el resto de las producciones culturales, son desmesuradas composi ciones intelectuales, edificios suntuosos, en los que los elementos componen tes, las ideas, se muestran recargadas y exuberantes. El Racionalismo creará su propia imaginería: la imaginería de las sustancias… - La noción de sustancia: por sustancia entiendo aquello que es en sí y se con cibe por sí; esto es, aquello cuyo concepto, para formarse no precisa del con cepto de otra cosa. - Unidad última y fundante de la sustancia: con arreglo a la definición anterior y en sentido estricto o riguroso existe una sola sustancia: la sustancia infinita, es decir, Dios. - El monismo panteísta: la definición de sustancia anterior implica, por tanto, la existencia de una sustancia única e infinita, que se identifica con la totali dad de lo real ya que solo la totalidad existe en sí y se entiende por sí, o sea, es autosuficiente. - La sustancia infinita, Dios, tiene infinitos atributos, de los cuales el hombre sólo puede conocer dos: el pensamiento y la extensión (principal atributo de la naturaleza). Pensamiento y extensión son, en consecuencia, atributos de Dios. - La naturaleza es la manifestación material de Dios. Dios no es trascendente sino inmanente al universo. “¿Qué somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Tiene sentido la propia existencia? ¿Cómo, dónde y cuándo se originó el universo? Estas y otras preguntas han despertado la curiosidad del ser humano desde la antigüedad, que ha intenta do ofrecer distintos tipos de explicación, como los provenientes de la religión y de la ciencia. El filósofo Baruch Spinoza, por ejemplo, creó una teoría filosófica que sirvió como uno de los referentes religiosos que más han influido en el pensamiento occidental desde el siglo XVII. En este artículo veremos cómo era el Dios de Spinoza y de qué manera este pensador vivía la espiritualidad. Lo científico y lo religioso Ciencia y religión. Ambos conceptos se han visto confrontados continuamente a lo largo de la historia. Uno de los temas en los que más han chocado es en la existencia de Dios o de diferentes dioses que hipotéticamente han creado y regulan la naturaleza y la existencia en general. Muchos científicos han considerado que la creencia en una entidad superior supone un modo poco realista de explicar la realidad. Sin embargo ello no im plica que los científicos no puedan tener sus propias creencias religiosas. Algunas grandes figuras de la historia han mantenido incluso la existencia de Dios, pero no como un ente personal que existe y al margen del mundo. Es el caso del reconocido filósofo Baruch de Spinoza y su concepción de Dios, que posteriormente han sido seguidos por reconocidos científicos como Albert Einstein. El Dios de Spinoza Baruch de Spinoza nació en Ámsterdam en 1632, y ha sido considerado como uno de los tres mayores filósofos racionalistas del siglo XVII. Sus reflexiones supusieron una profunda crítica a la visión clásica y ortodoxa de la religión, cosa que terminó por generar su excomunión por parte de su comunidad y su destierro, así como la prohibición y censura de sus escritos. Su visión del mundo y de la fe se aproxima en gran medida al panteísmo, es decir, la idea de que lo sagrado es toda la naturaleza en sí. La realidad según este pensador Las ideas defendidas por Spinoza se basaban en la idea de que la realidad está formada por una única sustancia, al contrario que René Descartes, que de fendía la existencia de la res cogitans y la res extensa. Y dicha sustancia no es otra cosa que Dios, entidad infinita y con múltiples propiedades y dimensiones de las cuales solo podemos conocer una parte. De este modo, pensamiento y materia son sólo dimensiones expresadas de dicha sustancia o modos, y todo aquello que nos rodea, incluso nosotros mis mos, son partes que conforman lo divino de igual forma. Spinoza creía que el alma no es algo exclusivo de la mente humana, sino que lo impregna todo: piedras, árboles, paisajes, etc. Así, desde el punto de vista de este filósofo lo que solemos atribuir a lo extra corporal y lo divino es la misma cosa que lo material; no forma parte de unas lógicas paralelas. Spinoza y su concepto de divinidad Dios es conceptualizado no como ente personal y personificado que dirige la existencia externamente a ella, sino como el conjunto de todo lo existente, que se expresa tanto en la extensión como en el pensamiento. Dicho de otro modo, se considera que Dios es la propia realidad, que se expresa a través de la naturaleza. Ésta sería una de las formas particulares en que Dios se expre sa. El Dios de Spinoza no daría una finalidad al mundo, sino que éste es una parte de él. Se le considera natura naturans, es decir, lo que es y da origen a dife rentes modos o natura naturata, tales como el pensamiento o la materia. En síntesis, para Spinoza Dios es todo y fuera de él no existe nada. Einstein y sus creencias Las creencias de Spinoza le valieron la desaprobación de su pueblo, la exco munión y la censura. Sin embargo, sus ideas y obras permanecieron y fueron aceptadas y apreciadas por una gran cantidad de personas a lo largo de la his toria. Una de ellas fue uno de los científicos más valorados de todos los tiem pos, Albert Einstein. El padre de la teoría de la relatividad tuvo intereses religiosos en la infancia, si bien luego dichos intereses se modificarían a lo largo de su vida. A pesar del aparente conflicto entre ciencia y fe, en algunas entrevistas Einstein manifes taría su dificultad para contestar a la pregunta de si creía en la existencia de Dios. Si bien no compartía la idea de un Dios personal, manifestó que conside raba que la mente humana no es capaz de comprender la totalidad del univer so ni cómo se organiza, a pesar de ser capaz de percibir la existencia de cier to orden y armonía. A pesar de que a menudo se le clasificó como ateo convencido, la espirituali dad de Albert Einstein estaba más cerca de un agnosticismo panteísta. De hecho, criticaría los fanatismos tanto por parte de creyentes como de ateos. El ganador del premio Nobel de Física también reflejaría que su postura y cre encias religiosas se aproximaban a la visión de Dios de Spinoza, como algo que no nos dirige y castiga sino que simplemente forma parte del todo y se mani fiesta a través de este todo. Para él, las leyes de la naturaleza existían y pro porcionaban un cierto orden en el caos, manifestándose en la armonía la divi nidad. Creía asimismo que ciencia y religión no se encuentran necesariamente en frentadas, puesto que ambas persiguen la búsqueda y entendimiento de la realidad. Además, ambos intentos de explicación del mundo se estimulan mu tuamente entre sí”. Oscar Castillero Mimenza

No comments:

Post a Comment

ggg

Sud que yo le pregunte a grok.com que si es mejor cocinar el cerdo con la piel o sin la piel.  Y grok me contesto que para controlar el hamb...